Las 9 reliquias literarias más raras que la gente ha comprado

Cuando la pasión por la obra de un autor se convierte en verdadera obsesión podemos encontrar auténticas rarezas. Por ejemplo, que una vez muerto el escritor cientos de sus seguidores pujen en eBay por alguno de sus manuscritos. O tal vez, por alguno de sus libros firmados. O, quién sabe, comprando su inodoro. Sí, su inodoro. Hoy os vamos a hablar de algunas de las subastas y compras más curiosas relacionadas con la literatura.

La cartera de Sylvia Plath es uno de esos objetos fetiche por los que alguien estuvo dispuesto a pagar más de 10.000 euros. La cartera contenía algunas tarjetas de visita, el carné de la biblioteca, una foto de la autora junto a su madre… Quizá el interés sea en tener su firma, que añade valor al conjunto. No es el único objeto de Plath que se ha vendido, como su máquina de escribir, aunque eso da menos miedo que saber que alguien compró gran parte de su vestuario.

El inodoro de J. D. Salinger es, casi con toda seguridad, la pieza más rara de las que se han vendido. Tras su muerte en 2010, el interior de su casa -donde vivió recluido los últimos años de su vida-, se convirtió en objeto de deseo para los miles de fans del autor estadounidense. Pues bien, la pareja que compró la casa, ya vacía de objetos personales, decidió sacar a subasta el inodoro en eBay, a un precio de locura: 1 millón de dólares. Según el anuncio: “Quién sabe cuántas de sus historias fueron concebidas y escritas mientras Salinger estaba sentado en este trono”. Ni idea de por cuánto lo vendieron al final, aunque algo me dice que por mucho menos de ese millón de dólares.

Truman Capote fue alguien que levantaba pasiones, hasta tal punto que tras su muerte alguien logró hacerse con sus cenizas dentro de una bonita caja de madera. Sí, sus cenizas. Las vendió Joanne Carson, amiga de Capote, por la nada desdeñable cifra de 40.000 euros. Añadamos dos reliquias más: también se pagó por las ropas que llevaba cuando murió (unos 5.500 euros) y dos botes de su medicación (otros 8.000 euros). La muerte de un autor famoso resulta lucrativa.

El mondadientes de Charles Dickens. Sí, habéis leído bien, el mondadientes personal del gran autor inglés. Una delicada pieza de marfil y oro con un mecanismo retractable. Este pequeño objeto, con el que Dickens mantuvo limpia su boca, se vendió en una subasta en la que un pujador anónimo llegó a pagar unos 8.500 euros. Eso es obsesión y lo demás son tonterías.

Ernest Hemingway está considerado como uno de los más grandes autores del siglo XX. Alrededor de su persona se han creado leyendas de lo más interesante. Viajero incansable. Seductor. Mítico bebedor. ¿Qué podría alguien comprar relacionado con él? Pues… la radiografía de uno de sus pies, en la que se pueden ver las heridas que sufrió durante la I Guerra Mundial. ¿El precio de esta joya médico-literaria? Pues nada más y nada menos que 14.000 euros.

¿Y el más caro? Pues una playa que tiene vistas a un faro, el cual pudo servir de inspiración a Virginia Woolf para escribir una de sus obras más famosas, titulada -redoble de tambor- El faro. Está en Cornualles y ni siquiera se puede impedir que la gente vaya hasta allí a ver el paisaje, pero alguien decidió pagar 100.000 euros para decir que poseía, de alguna manera muy indirecta, un pedazo del espíritu que inspiró a Woolf. Casi nada.

Fuente: Artículo extraído de id-43379-gafasLecturalia.com

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